POLY

El otro día estaba viendo una peli con Karen, medio romanticona, y había una escena de unos chavos cuando recién se conocían y ese momento del primer beso, en donde hay esa estática y esa tensión sexual que es de los sentimientos más chidos que se pueden sentir.

Y me quedé pensando: qué chingón volver a sentir eso de nuevo.

Pero poco a poco seguía profundizando más ese sentimiento y decía: posiblemente este no es el mismo feeling que La Ley pueda tener conmigo, porque básicamente el probar algo nuevo es una experiencia única.

Y pensé: a lo mejor la gente lo que realmente extraña es eso, ese thrill de sentirse de nuevo el centro de atención, sentirse amado de nuevo. Es como estrenar un coche: las primeras experiencias, descubrir cosas nuevas, etc.

Y creo que a lo mejor esa es la razón por la cual muchas parejas terminan separándose o buscando algo más: por querer perseguir de nuevo ese thrill.

Y a lo mejor hay gente que siente tan chingón eso que se convierte, maybe, en una adicción. Y la razón por la que a veces hay gente que salta de pareja en pareja, a veces sin entenderlo, es porque es adicta a ese sentimiento.

Y ese sentimiento solo se puede encontrar en nuevas experiencias.

A lo mejor esa adrenalina se puede encontrar en otras experiencias, no lo sé, pero si algo me queda claro es que siempre esos rushes son pasajeros. A lo mejor unos duran más que otros, pero siempre, al final del día, como un coche nuevo o como cualquier cosa, evolucionan y se tornan en algo nuevo.

Y a veces ese “nuevo”, cuando lo dejamos de idealizar o romantizar, nos hace darnos cuenta de que a lo mejor no estábamos en el lugar correcto.

Ahora, muchos van a decir que las parejas tienen que trabajar para tener entre ellas experiencias nuevas que las hagan sentir de vuelta ese rush, la novedad.

Pero creo que tampoco se trata de que una relación esté eternamente persiguiendo dosis de dopamina en nuevas experiencias para mantenerse a flote.

Más bien se trata de aceptar que las relaciones evolucionan y cambian, y que no tienen que depender de ese rush de dopamina y serotonina para seguir vivas.

Porque eso también le pone una presión innecesaria a la pareja.

¿Qué pasaría si, como parejas, nos permitiéramos experimentar esos rushes de nuevo, aun sabiendo que al final del día regresarás con la persona que amas?

Yo creo que esto es el verdadero trasfondo de las relaciones abiertas: el entender que como humanos queremos seguir sintiendo, pero que ese sentimiento no siempre está entrelazado con tu pareja.

A lo mejor las parejas poliamorosas lo entendieron tanto, que saben que el amor no es unilateral.

Pero aquí entra el peligro del ego: a lo mejor el concepto de fidelidad no es más que nuestro ego haciéndonos creer que tenemos un sentido de pertenencia sobre otra persona.

Sin embargo, aún no estamos listos para tener esa conversación.

La gente que está en una relación poliamorosa o abierta, sin hacer un espectáculo, son personas que creo han entendido que el amor no se define como nos lo han impuesto.

Yo creo que puedo considerar la posibilidad de tener una relación abierta, pero siento que mi ego aún no me permitiría estar en una relación poliamorosa.

Sin embargo, creo que es mi ego el que está hablando y no el amor.

El amor no debería estar limitado ni condicionado, si es verdadero amor.

Dicho eso, independientemente de que no estemos listos para la conversación: la fidelidad es un acuerdo entre la pareja, y los límites y las libertades los pone cada uno.

Y se tendría que vivir para honrar los mismos.

Sin importar qué piense la turba.

Los amo.

Enzo

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